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Andrés SánchezTerapia Breve Estratégica Agenda tu cita

Coaching estratégico

A veces te mueves, avanzas y cumples, pero lo vives como si tuvieras el freno de mano puesto: no fluyes como sabes que podrías. El coaching estratégico está enfocado a personas que, sin un trastorno, quieren aumentar su desempeño en algo que hacen o solían hacer bien. Analizamos con rigor dónde tropiezas. Si aparece algo más allá de la performance, lo trabajamos en terapia.

Temas que trabajo en coaching

Todo talento, cuando se vuelve rígido, se convierte en límite. No se trata de cambiar quién eres: es ajustar la parte que dejó de servirte y potenciar la que funciona.

Eres la persona a la que todos acuden. Si hay un incendio, lo apagas tú; si algo tiene que salir bien, lo haces tú. Durante años eso te dio reconocimiento, un lugar y la sensación de ser indispensable.

Ahora ya no cabe todo. Delegas y terminas revisando, o no delegas porque explicarlo toma más tiempo que hacerlo. Tu equipo aprendió que siempre vas a llegar al rescate, así que espera. Y tú llegas, otra vez, cada vez más cansado.

Lo que te hizo valioso es lo mismo que hoy te tiene atascado: tu disposición a sacar a todos adelante se volvió la razón por la que nadie más aprende a hacerlo.

No se trata de que dejes de ayudar. Se trata de que tu ayuda deje de ser lo que impide que otros crezcan.

Tienes claro lo que esperas, eres exigente y casi siempre tienes razón. Pero hay momentos en que la paciencia se acaba de golpe: un error repetido, una excusa, una reunión que no llega a nada y reaccionas con una dureza en la que después no te reconoces.

Luego viene el cálculo: pedir disculpas o no, explicar o dejarlo pasar. Tu equipo empieza a medir lo que te dice y a esconder los problemas hasta que ya son grandes, justo lo contrario de lo que necesitas.

Te has propuesto controlarte, contar hasta diez, no contestar en caliente. Funciona un tiempo, hasta que se acumula y sale peor.

La rabia contenida no desaparece, se acumula. El trabajo está en canalizarla antes de que decida por ti.

Te gusta lo que haces y eres bueno haciéndolo. El asunto no es trabajar mucho, es que ya no sabes parar. Revisas el correo en la cena, piensas en pendientes el fin de semana y los días libres te dejan una inquietud difícil de explicar.

Te dices que es temporal, que cuando termine este proyecto vas a bajar el ritmo. Después viene otro y otro. Mientras tanto hay relaciones que se enfrían y cosas que te gustaban que ya no haces.

Lo desconcertante es que mientras trabajas te sientes bien. El malestar aparece cuando te detienes y eso mismo te empuja a seguir.

La meta no es que te importe menos tu trabajo, sino que vuelva a ser algo que eliges y no algo que te elige a ti.

En el día a día lo haces muy bien. Pero cuando llega el momento que cuenta, la presentación ante la junta, la negociación importante, la competencia, algo cambia. Te tensas, te vigilas y no sale con la soltura que sabes que tienes.

Te preparas más que nadie. Repasas, ensayas, anticipas preguntas. Y, aun así, en el momento, una parte de ti está observando cómo lo estás haciendo en lugar de hacerlo y esa mirada encima es la que te quita fluidez.

Hay una paradoja en esto: cuanto más importa el resultado, más te esfuerzas en controlarlo y, cuanto más lo controlas, menos fluye.

La performance no mejora con más preparación, sino con una manera distinta de estar en el momento.

Tienes la información, tienes la experiencia y, aun así, hay decisiones que no terminas de tomar. Pides un análisis más, una opinión más, esperas a tener más claridad y, mientras tanto, la oportunidad pasa o la toma alguien más.

O al contrario: eliges rápido y después das vueltas. Revisas si fue lo correcto, buscas señales de que te equivocaste y esa revisión te consume casi tanto como la decisión misma.

En los dos casos buscas lo mismo: una certeza que ninguna decisión importante te va a dar. Y es esa búsqueda la que te frena.

Una buena toma de decisiones no depende de eliminar las dudas, sino de aprender a avanzar con ellas.

Tienes el cargo, pero sientes que la gente no te sigue del todo. Cumplen porque tienen que cumplir, no porque estén convencidos. Y, cuando no estás, las cosas no avanzan como deberían.

Has probado lo lógico: explicar mejor, dar más argumentos, ser más firme o, al revés, más cercano y flexible. Cada estrategia funciona un tiempo y después vuelves al mismo punto.

Casi nadie mira cómo lo está diciendo. La influencia no depende solo de tener razón, sino de cómo se comunica, en qué momento y a quién. Y esa es una habilidad que se construye.

Liderar no es convencer con más fuerza. Es comunicar de manera que el otro quiera seguirte.

El proceso, paso a paso

Así se ve un proceso de coaching estratégico, desde la primera sesión hasta el objetivo.

pensar actuar sentir miedoplacerdolorrabia sesión a sesión objetivo hoy a dónde quieres llegar lo que haces una y otra vez lo que lo dispara algo distinto, y medido

Lo que dicen quienes han trabajado conmigo

Coaching de performance en presentaciones
Hola Andrés!! Mi trabajo va mejor que nunca. Puedo hacer las presentaciones cuando las tengo que hacer y realmente yo vivo de esto. Así que te lo agradezco, porque ya no tengo que inventar excusas ni mandar a alguien en mi lugar. Puedo hacerlo yo y ahora las felicitaciones las recibo yo. Mi jefe está muy contento conmigo y yo estoy muy contenta con mi trabajo.

Mariana

Coaching en toma de decisiones
Andrés, qué bueno saber de ti de nuevo. Vi tu Instagram el otro día y me acordé de todo el trabajo que hicimos. Recuerdo cuando, para tomar una decisión muy simple, me la pasaba toda la noche en vela, dándole y dándole vueltas y muchas veces terminaba decidiendo a último minuto, desesperado. Gracias a la herramienta que me diste, que recuerdo muy bien porque la sigo usando cuando la necesito, ahora soy capaz de tomar decisiones mucho más rápidas y estoy liderando mejor a mi equipo. En verdad me ayudaste demasiado.

Felipe

*Los nombres se cambiaron para proteger la identidad de cada persona.

¿Hiciste un proceso de coaching conmigo y quieres compartir tu experiencia en esta sección? Escríbeme a aterapiabreve@gmail.com.

No sé si lo mío es terapia o coaching

Escríbeme igual. En la primera sesión lo definimos juntos al analizar tu caso; no tienes que saberlo antes.